Meditación

Meditación en la Montaña del dragón

LA RESPIRACIÓN

La respiración Dhyana (zen) no se puede comparar con ninguna otra, es muy antigua, en sanscrito se llama “anapanasati”, solamente puede surgir de una postura correcta.

Antes de todo, se trata de establecer un ritmo lento, fuerte y natural, basado en una espiración suave, larga y profunda. El aire se expulsa lenta y silenciosamente por la nariz, mientras que la presión debido a la expiración, baja con fuerza al vientre.

Al final de la expiración, la inspiración se hace naturalmente. Los maestros comparan el aliento zen con el mugir de las vacas o con la expiración de un bebé que grita recién nacido.

LA POSTURA

Dhyana, la postura del despertar

Sentado, preferentemente en el suelo, con las piernas cruzadas. Existen varias formas de sentarse:

  • Posición del loto: los empeines de los pies sobre las ingles.
  • Posición de medio loto: solamente un pie sobre la ingle de la pierna contraria.
  • Posición con las piernas cruzadas

La posición del loto es la más recomendable, ya que permite una mayor estabilidad física y mental, además te ayuda con mayor eficacia a llevar la energía hacia los centros energéticos superiores.

La espalda erguida, sin apoyarse en la pared. Notaremos como la columna se endereza a partir de las dos escápulas hasta la coronilla; el mentón ligeramente recogido, pero sin bajar la cabeza. Los ojos ligeramente semicerrados, la vista orientada un metro hacia delante mirando al suelo, las manos sobre el regazo y tocando el abdomen. La mano derecha descansa sobre la mano izquierda (sello del vacío).

Meditación en la Montaña del dragón
Meditación en la montaña del dragón

ACTITUD MENTAL

Sentado en la postura de meditación, dejamos que las imágenes, los pensamientos, las construcciones mentales, que surgen del inconsciente, pasen como nubes por el cielo, sin oponerse ni agarrarse a ellos.

Como un lago en calma, las emociones del subconsciente pasan y pasan una y otra vez, y terminan por desvanecerse. Y llegamos al inconsciente profundo, sin pensamientos, más allá de todos ellos (wu). Esta actitud del espíritu surge naturalmente de una concentración profunda, la postura y la respiración permite así controlar la actividad mental.

Practicamos lo que no se puede expresar con palabras, pero nuestra práctica incide, se desarrolla y se compromete con nuestra vida y con el mundo que nos rodea.

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